PLANTAS MÁGICAS

miércoles, 21 de junio de 2017

HIPERICO, LA HIERBA DE SAN JUAN


La hierba de San Juan es una planta altamente potente y mágica que desde tiempos antiguos ha sido utilizada como protección contra el diablo, el mal, los fantasmas, los embrujos, las visiones terroríficas, la hechicería, todo tipo de encantamiento, el fuego y los relámpagos.
 
En el país de Gales, es costumbre que la gente cuelgue ramitas de la hierba de San Juan sobre la puerta para "purificar su hogar" (el día de San Juan). Si un soldado porta la hierba de San Juan, será invencible.

Hiperico (Hypericum perforatum)
 
familia: Hipericáceas
 
Otros nombres: Hipericón, corazoncillo, hierba de las heridas, perforada; se la denomina también popularmente hierba de San Juan y espantadiablos.
 
Florece en verano, tiene tallos erectos hasta de 80 centímetros de alto, con hojas sésiles moteadas, terminadas en la parte superior por ricos corimbos de flores amarillas.
 
De esta planta se obtienen sustancias medicinales y colorantes.
 
En farmacología se usa contra las enfermedades pulmonares y para tratar la depresión.
 
Florece de junio a agosto; con fines terapéuticos se recolectan las sumidades floridas cuando se hallan en maduración incipiente; después, se dejan secar a la sombra; son útiles para la preparación de numerosos remedios. Las propiedades medicamentosas del hipérico, actualmente bastante olvidadas, fueron muy celebradas en el pasado y la planta se cita en algunos libros de medicina antigua.

Antiguamente se consideraba que el hipérico servía para alejar los malos espíritus.


 
Además de las plantas mundialmente conocidas, como el trébol de cuatro hojas que da suerte a aquel que lo encuentre o la llamada hierba de San Juan, que no es la misma en todos los países, existen otras muchas que deben ser recogidas precisamente en esta noche para tener así el amplio influjo mágico y protector que les otorga tan señalada fecha solsticial
 
Son muchas las plantas que reciben el nombre de hierba de San Juan, las más representativas son, la verbena, la artemisa, el galio y, por supuesto, el hipérico y de ésta precisamente es de la que vamos a hablar pues es la que con mayor frecuencia adopta el apelativo de hierba de San Juan.
 
Adorada por los cultos paganos, esta hierba de flores amarillas (conocida también en España como corazoncillo) fue reconvertida a los cultos cristianos y tanto con unos como con otros fueron reconocidas sus indudables propiedades terapéuticas y su asociación con la magia, los diablos, las brujas, los dioses y los santos.
 
Que se la denomine «hierba de San Juan» se debe a que, por lo general, la época de floración del hipérico coincide con esta noche mágica.
 
Paracelso aseguraba que por tal razón se podía utilizar sus flores amarillas como amuleto en encantamientos, teniendo la virtud de eliminar uno de los maleficios favoritos de los brujos: el mal de ojo. Ciertamente, esta hierba se llevaba como talismán o se echaba al fuego para asegurar cosechas abundantes y proteger al ganado de las enfermedades producidas por la brujería. Se ataba a las cunas para evitar el temido «cambio» de niños por parte de espíritus malignos y se quemaba bajo las puertas de los establos y delante de las casas de las brujas. Incluso se le atribuyen propiedades mucho más estrafalarias corno el hecho de que, hasta hace bien poco, las mujeres llevaran la hierba en época de guerra como protección contra las violaciones. Al mismo tiempo, los soldados frotaban con su áspera savia los cañones de sus rifles para asegurarse precisión y puntería.

Su nombre científico viene del griego hipér (que significa «por encima») y eíkon («imagen»), indicando su asociación precristiana con la religión y la magia. Tradicionalmente, se colocaban capullos de la planta encima de los iconos de las iglesias ortodoxas rusas para alejar a los malos espíritus.
 
A la hierba de San Juan la llamaban piri los antiguos asirios, que la colgaban en las puertas durante sus ceremonias, a modo de profiláctico contra los demonios.
 
En tierras más cercanas y épocas más actuales servía para ahuyentar diablos si se tenía la precaución de llevarla encima durante la noche (por esta razón, otro de los nombres que recibe es el de cazadiablos).
 
Sin lugar a dudas, es una de las plantas que han tenido un azaroso devenir histórico y religioso. Los primeros misioneros cristianos en Europa descubrieron que la planta estaba consagrada al dios nórdico Balder, que, a sus ojos, representaba los espíritus de la oscuridad que luchaban contra el sol.
 
Dedicada a San Juan Bautista, se dijo entonces que la planta había surgido de las gotas de sangre del santo. Como resultado, la hierba de San Juan lloraba sangre en el aniversario de su decapitación.
 
Puedes hacer un curioso experimento: coloca una de las hojas del hipérico debajo de una fuente de luz; verás que las glándulas de aceite le dan a dicha hoja un aspecto perforado. Se decía que el propio Satán había hecho airadamente esos agujeritos ya que la sangre de San Juan, en forma de jugo rojo, se había interpuesto en el camino de sus diablos.
 
Es conocida esta hierba desde Dioscórides (que recomendaba el hipérico para la ciática, las flemas coléricas, las quemaduras y la malaria), y ha desempeñado un gran papel en las supersticiones medievales, ya que se creía que tenía el poder de expulsar a los demonios, de ahuyentar los espíritus de los muertos y alejar los rayos de las tormentas si antes se colgaban algunas ramas de las ventanas.

En estos últimos años es como si se hubieran redescubierto las virtudes que hace siglos ya poseía y eran sobradamente conocidas, en concreto una de ellas: su eficacia para levantar el ánimo.
 
De manera tradicional, ha sido considerada una planta contra la melancolía y la depresión. La circunstancia innegable de que vivamos en una época de prisas, estrés y depresiones ha hecho que algunos médicos se hayan «caído del guindo» y lo que nuestros antepasados sabían al dedillo ahora lo saben los psiquiatras que prescriben la flor de hipérico en sus consultas con una frecuencia tres veces mayor que otros célebres fármaco sintético utilizados hasta hace muy poco para aliviar, que no curar, las depresiones de sus pacientes. Una vez más lo natural (en este caso, el hipérico) vence en su batalla particular a lo sintético, entre otras razones porque no posee efectos secundarios de importancia, aunque algunos se decantan por afirmar que usado abusivamente, puede producir cataratas en los ojos.
 
La amplia aceptación del hipérico no responde a una moda, sino a que está avalado por numerosas investigaciones que se han realizado en este sentido a partir de los años ochenta. El prestigioso British Medical Journal dio a conocer en el año 1997 una revisión de 23 estudios sobre casi dos mil pacientes en los que se comprobó la efectividad del hipérico contra la depresión. La gran mayoría de los encuestados dijeron que se sentían mejor después de este tratamiento natural. El mecanismo interno del hipérico es que actúa sobre la serotonina, una sustancia que permite que las células nerviosas se comuniquen entre sí, jugando un papel determinante en los estados emocionales de las personas. La clave está en que a diferencia de los muchos fármacos antidepresivos que se venden en las farmacias, el hipérico no aumenta los niveles de serotonina, lo que al parecer evita efectos secundarios como el insomnio, pérdida de peso o impotencia. Incluso existe un libro escrito por el médico Josep Lluís Berdonces que se titula precisamente "Hipérico, el Prozac natural".
 
En fin, que estamos en presencia de todo un tesoro vegetal con un rico historial mágico y encima su eficacia aumenta si se recoge en la noche o víspera de San Juan. Sabido esto, ¿a alguien le puede extrañar que el hipérico también sea conocido popularmente con el nombre de «planta de la alegría de vivir»?
 
EL ACEITE DE SAN JUAN
 
Si quieres preparar el famosísimo aceite de San Juan, debes macerar durante tres días 500 g de sumidades floridas frescas y machacarlas en una mezcla de un litro de aceite de oliva y 5 decilitros de vino blanco; hervir después al baño maría hasta la casi total absorción del vino.
 
Este aceite tiene propiedades antiinflamatorias, antisépticas,  bactericidas, antivíricas, nutritivas y emolientes. Es altamente cicatrizante y mitiga el dolor muscular. Con este medicamento se untan las úlceras y quemaduras, obteniendo alivio y la cicatrización de estas. Lo correcto es utilizarlo para masajes, y puedes hacerlo para mitigar el dolor de golpes y contusiones. Aplicándolo en la parte baja del cuello y los hombros, notaras alivio de dolores de cabeza, migrañas, insomnio, cansancio, tristeza y depresión. Si la depresión fuese severa, puedes aplicarlo también en la espalda, pecho y estomago.
 
No debes tomar el sol después de un masaje con aceite de hipérico porque pueden salirte manchas rojas en la piel ya que esta es una planta fotosensible. Para evitarlo, te aconsejo que los masajes los realices por la noche.
 
Si quieres tener hipérico en tu jardín, lo mejor es plantarlo a partir de semillas que se esparcen en primavera, con buen tiempo. Sus raíces son vivaces y eso hará que aunque la planta desaparezca con el frio, vuelva a brotar la siguiente primavera.
 

 

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