PLANTAS MÁGICAS

lunes, 13 de octubre de 2014

LAS MAGICAS VIOLETAS, SU HISTORIA

 
La violeta ha sido utilizada en afrodisiacos, hechizos para el amor, magia de los deseos y rituales curativos. Las violetas han sido utilizadas en sachets y amuletos herbáceos para ahuyentar a los espíritus malignos, curar heridas, contrarrestar la mala suerte y curar el insomnio.
 
 
Sé como la violeta,
modesta en el hierbal, estricta, pura,
no como la rosa,
que siempre asombro despertar procura.
 
Estos versos de San Bernardo escritos en el siglo XII expresan el concepto humilde que se tenía de estas pequeña flor durante la Edad Media. San Bernardo llamó a esta flor "violeta de la humildad" y fue adoptada como símbolo de la Virgen María.
 
Estamos de nuevo ante una de esas flores cuyo conocimiento es tan remoto por parte del hombre que las leyendas hacen intervenir  ni más ni menos que a Adán y Eva para darnos una idea de su antigüedad. Cuentan que Adán lloró amargamente cuando fueron echados del Paraíso terrenal y, errando por las áridas tierras del más allá, el ángel que guardaba sus pasos se apiadó de él, transformando sus lágrimas en violetas.
 
Los griegos la tenían en gran aprecio y hasta parece que la palabra violeta procede de la ninfa Io (sí, el mismo nombre que uno de los satélites de Júpiter descubierto por Galileo). El dios Zeus, convirtió a la ninfa en vaca en una de sus muchas aventuras extraconyugales para protegerla de los ataques de celos de la diosa Hera. Ahora bien, era una vaca especial y glamurosa pues no podía alimentarse con hierba normal y corriente. Entonces Zeus pobló de violetas los prados por donde corría alegre a pastar su amada ninfa metamorfoseada en vaca. Se cree que la palabra violeta es en realidad un diminutivo de Viola, que es la variante latinizada de Io.
 
 
En la mitología romana, la primera violeta surgió de la sangre derramada del dios Attis, que se suicidó por culpa de Cibeles, la diosa madre. La sangre es un líquido vivificador tanto si pertenece a un hombre o a un dios. Attis era un antiguo dios asiático de la vegetación adorado en Frigia y en Lidia. Tras encapricharse de una ninfa, la diosa Cibeles que estaba enamorada de él, tuvo celos y se opuso a esta unión, ya que le quería virgen y casto para ella. A Attis le dio entonces un acceso de locura y no se le ocurrió mejor cosa que castrarse su miembro viril y morir desangrado. De las gotas de sangre derramadas brotaron flores. Cibeles totalmente arrepentida, le transformó en un pino coronado por violetas, símbolo de la regeneración de la vida vegetal que muere para renacer eternamente.
 
 
Nuestros antepasados sentían por las violetas un gran aprecio y era frecuente que trenzaran con ellas coronas que se ceñían a la frente durante sus orgías para disipar así (gracias a su exquisita fragancia) los efectos de la resaca. Durante la Edad Media en la que tanto abundaba el amor juglaresco, la violeta se convirtió en el símbolo del sentimiento inocente y de la primavera. Fueron los médicos árabes medievales quienes se dieron cuenta de algo que pasó desapercibido a Hipócrates o a Dioscórides, nada menos que la raíz es vomitiva con contener violina. Santa Hildegarda la recomendaba en el siglo XII para curar el cáncer.
 
 

Durante esa época, en el sur de Alemania, era costumbre atar en un mástil la primera violeta encontrada y se bailaba a su alrededor para dar la bienvenida a la primavera. En Gran Bretaña la común pervecha era llamada era llamada por los franceses "violeta del hechicero" mientras que en Italia se llamaba "cien ojos". Los magos y encantadores hacían uso frecuente de ella para sus prácticas antimaléficas y era un ingrediente habitual en los amuletos que protegían contra el aojo y los malos espíritus. Hoy el violeta se asocia con la tranquilidad y la paz . La hoja ofrece protección contra el mal, y se puede coser en una almohada o una bolsita para proteger a los bebés. También se pueden llevar los pétalos consigo para lograr suerte y mejorar la magia nocturna.
 
Hay una leyenda cristiana que intenta contestar la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que la violeta, tan pequeñita, tenga perfume y en cambio, no lo posean ni los crisantemos ni las dalias ni las margaritas? Pues esa misma leyenda nos contesta diciendo que el Buen Dios un día salió de sus moradas celestiales para contemplar su vergel y oyó una conversación entre las flores, comprobando que al mostrar sus más íntimos deseos, casi todas eran petulantes y sumamente orgullosas. Escuchó en cambio que las violetas exclamaban: "Nosotras no deseamos nada; sólo quisiéramos que no nos pisaran al pasar. Pero si exponemos este deseo, todas se reirían de nosotras".
 
Al final el Buen Dios, viendo su humildad, les concede el don del perfume: "un perfume suave y al mismo tiempo tan fuerte que nadie pueda pasar por su lado si saber que está allí y de esa manera no las pisarían inadvertidamente como sucedía hasta entonces". Y así se hizo.
 
 
Las flores preferidas de Napoleón y de su esposa Josefina eran las violetas. La pasión por las violetas la empezó a sentir Napoleón en el momento que conoció a Josefina Beauharnais. En su primer encuentro, ella le regaló el ramillete que adornaba su vestido y con ello encendió la chispa de su amor. Así como muchos novios tienen su música preferida, esta pareja adoptó las violetas como su símbolo. Se bordó el vestido de novia de Josefina con estas flores y los jardines y jarrones de palacio estaban llenos de ellas.
 
Cuando Napoleón partió de Francia, rumbo a su exilio en la isla de Elba, dijo a sus amigos que "volvería en la estación de las violetas". La flor, al igual que el color, se convirtió en el símbolo de los Bonapartistas y fue en eficaz medio y contraseña de reconocerse unos a otros. Los seguidores de Napoleón para nombrarle en secreto lo hacían con la denominación "Violeta del General" o "Violeta del Cabo". Y cuando se brindaba se popularizó la siguiente frase "¡Por nuestro capitán Violeta y por su regreso en primavera".
 
El 20 de marzo de 1815 volvió a las Tullerias de París, tal como había prometido en la época en que las violetas estaban floreciendo. Las mujeres le saludaron con ramos de estas flores que llevaban entre las manos o el cabello. Pero poco duró la alegría ya que su nuevo gobierno apenas duró 100 días.
 
La violeta continuó siendo la flor del Impero hasta la batalla de Waterloo. A partir de ese momento se hizo peligroso llevar una violeta o incluso mencionarla con admiración.
 
Se dice que a la muerte de Napoleón se encontró entre sus pertenencias un medallón de oro que siempre llevaba colgado en su pecho. Al abrirlo vieron que dentro había una violeta marchita que había recogido de la tumba de su mujer, Josefina.
 
 
Las mágicas violetas nacen por todas partes en la primavera y principios del verano, así que es una oportunidad perfecta para hacer un poco de magia con flores:
 
- Se secan las flores al sol, y se pueden utilizar para producir junto con un poco de incienso, una mezcla que conseguirá que tengamos dulces sueños y un sueño reparador. Se puede incluso coser un poco de esta mezcla en una almohada consiguiendo el mismo efecto.
 
- Tome un cuadrado de muselina natural o algodón, y coloque un manojo de violetas recién cortadas en el mismo. Ate el cuadrado y cuélguelo  en el grifo de la bañera. Deje correr el agua caliente y deje que el vapor extienda el delicioso y dulce aroma de las violetas. Use esto como un relajante baño de limpieza antes de hacer rituales o hechizos.
 
-La violeta también se asocia con la dedicación y la lealtad. Si usted quiere que su amante sea constante y verdadero, ofrezca un paquete de violetas como regalo. También puede plantar unas semillas delante de la casa de la persona.
 
 
- Además de ser mágicas, las violetas son una de las muchas plantas comestibles que puede encontrar en la naturaleza o en su jardín. Las violetas pueden ser escarchadas -lleva un poco de tiempo, pero el resultado final es precioso.
 
 
O infusionarlas en agua, vinagre, o incluso hacer con ellas un té.
 
 
o fundirlas con azúcar y hacer caramelos.
 
 
 
- Grieve dice que en un libro de cocina del siglo XVII se describe el uso de violetas para hacer un jarabe dulce:
 
"Tomar Violetas, se le puede cortar la parte blanca y macháquelas bien en un mortero de piedra; luego mezclar con las violetas agua y azúcar agregando una taza de licor y hervir durante unos minutos removiendo constantemente mientas se funde el azúcar y se evapora el licor. Este delicioso licor, además tiene la propiedad de suavizar la garganta y calmar la tos."
 
 
 
 

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