PLANTAS MÁGICAS

miércoles, 17 de septiembre de 2014

HISTORIA DE LOS TULIPANES



Una antigua leyenda persa habla de una joven maravillosa, llamada Ferhad, que estaba enamorada de Shirin. Un día, el amado partió, y ella esperó en vano su regreso, hasta que decidió ir en su busca aventurándose por las desoladas dunas del desierto de Oriente. El cansancio y el dolor fueron más fuertes que su resistencia. Al caer extenuada sobre unas rocas, brotaron gotas de sangre que se mezclaron con sus lágrimas y se transformaron en tulipanes rojos.

 
En primavera, todos los años. vuelven a abrirse en recuerdo de aquel infeliz amor, y todavía hoy, en Persia, los enamorados se intercambian brillantes "tholpem" como símbolo y señal de su cariño.

También para los amantes de las "Mil y Una Noches" ofrecer un tulipán equivalía a una declaración de amor. Los maharajás de la India celebraban el florecimiento de los tulipanes con fiestas comparables a aquellas de las cortes de amor provenzales, y la flor era enormemente apreciada en todos los países del Próximo Oriente.

 
Pero la popularidad mayor la tuvo en el Imperio Otomano, en época de los osmaidas, para quienes el tulipán representó lo que las flores de lis para los reyes de Francia. Hay crónicas de antiguos embajadores que hablan de fiestas con gran profusión de tulipanes en la época en que edificó la Mezquita Azul de Estambul. Y las mujeres del harén, entre músicas y juegos de agua, esperaban que su señor eligiera a la favorita de la noche arrojándole un tulipán rojo.
 

Hasta hay leyendas que cuentan lo que pasaba dentro de uno de esos harenes. Es el caso de la hija de un capitán de la marina holandesa, que fue capturada por los piratas y llevada a la corte del sultán Shabalaan, que de inmediato quedó prendado por su hermosura, convirtiéndola en su esposa favorita y llamándola Tulipa, la flor más bella que poseía. Lo que no sospechaba el sultán era que su belleza era equiparable a su sosería. Era aburrida como ella sola y además tampoco le entusiasmaban los placeres amorosos. Tampoco sabía cantar ni bailar, así que pronto el sultán se cansó de ella y la tiró al Bósforo metida en un saco de cuero. Moraleja: no todo es gracia y hermosura lo que uno debe tener para llegar a anciano.

 
El tulipán siguió siendo la flor de los sultanes hasta el final del imperio otomano, pero en el mundo entero su nombre ha quedado unido, para siempre, a un país: Holanda. Veamos por qué.

En la segunda mitad del siglo XVI, los mercaderes venecianos trajeron los primeros bulbos a Europa, y, perdida la etimología persa, se pensó que el nombre de la planta procedía del turco "duiband", es decir "turbante", al recordar su forma el tulipán. . De Venecia a Viena; de Viena a Holanda, y allí estalló una locura colectiva que invadió por igual a ricos y pobres, nobles y burgueses, en una increíble caza del bulbo, una enfermiza carrera para ver quién tenía más tulipanes y los más hermosos.

Este dato a muchos les puede parecer increíble, pues hoy en día se puede considerar el tulipáncomo una flor relativamente común. Sin embargo durante el apogeo de la "tulipomanía" que afectó a Holanda de 1634 a 1637, los bulbos de tulipán costaban sumas astronómicas. Hubo intentos para regular el comercio, pero fue imposible frenar la especulación. Se creó una nueva unidad de peso, el "perit", para los bulbos. Las transacciones más importantes se realizaron, en el mismo siglo XVI, por el banquero Van Der Bursen, en la ciudad de Brujas. De él precisamente, que dedicó su propia casa a sede de esta clase de intercambios, además de llevarse a cabo el comercio de tulipanes, procede, a través del francés "bourse", la palabra bolsa.
 
Un comprador, cuyo nombre no se conoce, por un solo bulbo de tulipán de una rara especie denominada "Viceroy", entregó la siguiente lista de productos: "8.000 libras de trigo, 16.000 libras de centeno, 4 gordos bueyes, 4 gruesos cerdos, 12 gruesas ovejas, 2 barriles de vino de 240 litros cada uno, 1.000 galones de cerveza, 500 galones de mantequilla, 1.000 libras de queso, una cama completa, un traje de vestir y una copa de plata".
 
Entre la clase pudiente se puso de moda coleccionar tulipanes por ser sus flores tan escasas y tan delicadamente bellas. Ese capricho pronto se extendió entre las clases media y baja y la posesión de tulipanes se convirtió en un símbolo de riqueza, a la vez que un medio para obtener rápidos beneficios. De todas partes llegó dinero a Holanda. La gente invertía los ahorros de toda su vida en la compra y venta de tulipanes, que alcanzaban precios desorbitados en el mercado.
 
Pero esa locura se acabó con la misma rapidez que había empezado, y mucha gente especuladora que creía haber alcanzado una seguridad económica se encontró con la horma de su zapato, es decir, con bulbos que no podían vender ni siquiera al precio que los habían comprado. El mercado había tocado fondo y la economía holandesa se resintió enormemente.
 
A consecuencia de este mercado se produjeron curiosas anécdotas. Como entonces los cuadros costaban menos que las flores, los pintores flamencos, a causa de la gran demanda existente, crearon fantásticas composiciones en las que el tulipán tuvo casi siempre un papel protagonista. De la misma manera los reyes Luis XIII y Luis XIV de Francia sintieron especial predilección por sus armoniosas formas, pero aquella fue una moda que no duró mucho, y a finales del siglo XVII había decaído.
 
En nuestra época es objeto de importantes intereses comerciales, habiéndose firmado un acuerdo internacional, en 1958, en que se clasifican 23 grupos de esa flor; sólo falta el tulipán negro.
 
 


Fuente: Historia Mágica de las Flores
Autor: Jesús Callejo
Editorial Martínez Roca.

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