PLANTAS MÁGICAS

jueves, 28 de agosto de 2014

El TÉ, PLANTA MÁGICA Y MEDICINAL

 
 
 
El Instituto Nacional de Cáncer publicó en su revista oficial un estudio que demostraba las extraordinarias cualidades anticancerígenas de una sustancia natural, económica y fácil de obtener: el té verde.
 
 
La noticia, difundida mundialmente por la agencia Reuters, reseñaba una investigación efectuada por el departamento de dermatología de la Western Reserve University de Cleveland, Ohio, dirigida por el Dr. Hasan Mukhtar.
 
 
El trabajo del Dr. Mukhtar y sus colegas revelaba que una de las sustancias constituyentes del té verde induce la apoptosis (muerte programada) de diversos tipos de células cancerígenas humanas, sin afectar para nada a las células sanas. Es decir, en presencia de la epigalocatequina-3-galata, pues así se denomina dicha sustancia, las células cancerígenas se suicidan. Por extraordinario que parezca este descubrimiento, dicha propiedad del té verde es sólo uno más entre sus numerosos efectos beneficiosos sobre la salud humana.
 
 
Las pruebas científicas de tales efectos se han ido acumulando con el paso de los años. Hoy podemos afirmar que esta planta, además de su enorme potencial en la prevención y el combate contra el cáncer, tiene los siguientes efectos:
 
Reduce los niveles de colesterol LDL.
 
Disminuye los riesgos de infarto.
 
Puede activar la circulación y bajar la presión sanguínea.
 
Potencia la función inmunológica.
 
Mejora el funcionamiento del hígado y de los riñones.
 
Evita la formación de cálculos renales y biliares.
 
Mejora la digestión.
 
Estimula las funciones mentales y físicas en general.
 
Posee notables cualidades antioxidantes.
 
Mantiene la salud y el buen aspecto de la piel.
 
Aumenta la longevidad.
 
Combate numerosos virus, hongos y bacterias.
 
Evita la caries y la gingivitis.
 
Destruye las bacterias causantes del mal aliento.
 
Suministra minerales y vitaminas importantes para el mantenimiento de la salud humana.
 
Por si todo esto fuera poco se trata de una bebida sumamente agradable, que apenas tiene contraindicaciones y cuyos efectos secundarios son muy limitados.
 

El Té es la bebida más consumida en el mundo después del agua. Se cree que cada día se toman entre dieciocho y veinte mil millones de tazas. Se trata de una infusión hecha con los brotes y las hojitas más tiernas (deshidratadas y procesadas) de un árbol perteneciente a la familia de las camelias, especie muy frecuente en los parques y jardines de las zonas templadas.


Su nombre científico es Camelia sinensis. Es un árbol permanentemente verde, originario del sudeste asiático, que crece silvestre en tierras tropicales o subtropicales de cierta altura sobre el nivel del mar, en zonas con abundantes lluvias, humedad durante todo el año y nieblas matutinas.


A grandes rasgos, los principales componentes del té son:

Aceites esenciales, cafeína y polifenoles. Los aceites esenciales le confieren su aroma. La cafeína estimula el sistema nervioso central y también la circulación sanguínea, mientras que los prolifenoles son los responsables de la mayor parte de sus cualidades antioxidantes y curativas.
 
 
El impacto que el té ha tenido en la historia y la cultura del pueblo chino trasciende con mucho sus aspectos económicos, medicinales o incluso poéticos. Entre las facetas más notables de este éxito está su influencia en el desarrollo de una de las más importantes industrias tradicionales chinas: la porcelana.
 
 
La porcelana china nace del intento de recrear el sútil tono del jade, produciendo durante la dinastía Tang el vidriado azul del Sur y el vidriado blanco del Norte.

Lu Yu consideraba que el color azul era el color ideal para la taza de té, porque confería un matiz verdoso a la infusión, mientras que el blanco lo hacía parecer más rosado, todo ello en la época en que se usaba el té en panes.


Luego, cuando los maestros del té de Sung adoptaron el polvo de té, prefirieron lozas mas pesadas de color negro azulado o marrón oscuro. Sin embargo, los miembros de la dinastía Ming encontraban un placer especial al tomarlo en vajillas muy ligeras, de porcelana blanca.
 
 
Pero el té no solo era un pasatiempo cortesano o poético, sino que llegó a convertirse en un vehículo para la espiritualidad y la trascendencia. Así, Wang-Yu-Cheng encontraba en el té algo que llegaba al fondo de su alma como una llamada directa, con esa delicada aspereza que recuerda el gusto de un buen consejo. Para So-Tung-Pa el poder de la pureza del té desafiaba lo corrupto, al igual que hace un hombre virtuoso.


Por su parte, los budistas Zen meridionales organizaron una liturgia especial para el té. En ella, los monjes se reunían ante la imagen de Bodhidharma y bebían todos de un mismo cuenco, con un recogimiento sacramental. Fue este ritual Zen el que luego dio forma a la ceremonia del té, que hacia el siglo XV se desarrollaría en Japón.
 
 
La denominación de los tés se asemeja a la de los vinos. Es frecuente que lleven el nombre de la región en la que han sido cultivados y producidos. Al igual que el Burdeos o el Oporto reciben su nombre de dichos lugares, en Francia y Portugal respectivamente, del mismo modo el Darjeeling, procede de la región de Darjeeling, en el norte de la India, y el Fujian de la zona así denominada en China. En otros casos, el nombre responde a un método particular de procesado o incluso a la apariencia externa del producto final.
 
 
Aunque todas las variedades de tés proceden de la misma planta (Camelia Sinensis) y de la misma parte de ésta, la composición química del té negro difiere notablemente de la del té verde, pues en la primera variedad ésta ha sido modificada por la oxidación.
 
 
Los principios activos contenidos en el té verde son muy semejantes a los que existían en el tierno brote antes de ser separado de la planta. El único cambio importante que tiene lugar en su proceso de preparación es una pérdida de agua.
 
 
Indudablemente, el té negro posee todavía un cierto porcentaje de los componentes saludables, pero ya más reducidos. Sin embargo, el té verde sigue conteniendo la amplia gama de sustancias naturales que tan positivos efectos han demostrado a la salud humana. En esta variedad se han identificado más de 300 ingredientes activos. Los principales son: polifenoles, cafeína, vitaminas, minerales, aceites aromáticos y aminoácidos.
 
Gran parte de la popularidad que el té verde ha disfrutado a lo largo de la historia se debe a su efecto estimulante, el cual se traduce en un incremento del estado de alerta, aliviando al mismo tiempo la fatiga. Su contenido en cafeína es el causante principal de tales efectos.
 
 
En los últimos años ha sido motivo de creciente preocupación por sus posibles consecuencias negativas sobre la salud, principalmente en quienes ingieren cantidades considerables. Entre los síntomas generales por una excesiva ingestión de cafeína se pueden citar: diarreas, insomnio, ansiedad, dolores de cabeza, irritabilidad y dolores en el pecho.
El café contiene más cafeína que el té negro y éste, a su vez, más que el té verde.
 
 
Los polifenoles no son los únicos antioxidantes que contiene esta planta. Al igual que en muchos vegetales, en éste hay también vitamina A, vitamina B 2, vitamina C, vitamina E y carotenoides.
 
Como curiosidad hay que comentar que durante cientos de años las tripulaciones de los barcos que transportaban el té hacía Europa debieron sufrir las penurias de enfermedades como el beriberi y el escorbuto, ambas causadas por una carencia de vitamina C. Muchos sufrimientos e incluso muertes se habrían evitado de haberse conocido entonces las propiedades de la mercancía que descansaba en las bodegas del navío.
 
 
Numerosos estudios han demostrado que la vitamina C protege del cáncer de la cavidad bucal, de esófago, estómago y páncreas, al tiempo que evita la oxidación de las vitaminas A y E, prolongando su efectividad.
 
La vitamina E es también un potente antioxidante que cumple la importante función de proteger las membranas celulares del daño causado por los radicales libres, habiéndose demostrado que reduce la incidencia de ciertos tipos de tumores malignos, especialmente de pulmón, esófago y estómago.
 

 
PODERES OCULTOS DEL TÉ VERDE
 
Los lamas tibetanos, al igual que numerosos iniciados de todo el mundo, toman regular y ritualmente infusiones de esta planta, y no por casualidad, ya que el té es una de las bebidas iniciativas más socorridas. Pocos podrán sospechar que esta bebida habitual encierra importantes y misteriosos poderes ocultos.
 
 
La típica tradición inglesa de tomar el té a las cinco de la tarde tiene su origen en la antigua alquimia griálica. Según esta ciencia secreta, a esta hora tiene lugar un descenso de energía en las corrientes telúricas que afecta igualmente al cuerpo humano, al estar ambos estrechamente relacionados y sometidos a las mismas leyes de la Naturaleza.
 
 
Éste es el motivo por el cual muchas personas se sienten a esta hora, carentes de energía o deprimidas; de ahí proviene también nuestra tradicional y reparadora siesta; pues bien, uno de los remedios más efectivos para recobrar de nuevo la energía y hacer desaparecer sus efectos negativos es, sencillamente, tomar una taza de té, gracias a sus propiedad secreta para extraer reservas energéticas de nuestro centro alquímico situado en el plexo solar. Este poder oculto del té, unido a la acción que ejercen sobre la mente sus principios activos y sus alcaloides (especialmente la cafeína, el magnesio, la teobromina y la teofilina, que actúan sobre el sistema nervioso y excitan las funciones cerebrales, los centros de percepción y la actividad refleja de la médula), era empleado en la antigua alquimia mental para cargar de poder las emisiones mentales, ya fueran visualizaciones curativas, programación o creación de formas de pensamientos positivos destinadas a la cristalización de los deseos.

Power of Now

En general, se puede considerar como un comodín para canalizar un aporte extra hacia las emisiones mentales creativas y hacía ciertas sesiones de meditación especial destinadas a la limpieza de las energías negativas de nuestro planeta que, según los iniciados, son tan peligrosas como los problemas ecológicos, o tal vez más.

 
El té es muy aconsejable para este tipo de meditación, ya que al igual que la Artemisa, el laurel y la melisa, posee el extraordinario poder oculto de catalizar y conectar con las energías telúricas. En el Tibet existen grupos de iniciados cuya misión consiste en neutralizar la carga de emisiones mentales negativas con que inconscientemente todos  bombardeamos la tierra.
 
 
Es importante que reconozcamos hasta que punto está en nuestras manos evitar su destrucción, dado el inmenso poder de nuestro pensamiento creador, debemos comenzar por rechazar enérgicamente cualquier idea negativa y que quieran implantarnos sobre su futura desaparición, o sobre amenazas y catástrofes. Aquello que se piensa y que se teme –no olvidemos que el temor es la cara negativa de la poderosa energía de la fe- se atrae con fuerza a la realidad; por lo tanto, el primer paso es transmutar estos pensamientos catastrofistas con la luz de las energías alquímicas de la esperanza y la fe. Hay que atreverse a visualizar un nuevo futuro todo lo positivo y fantástico que se pueda imaginar. La imaginación es poder, y no dudes, que tú tienes ese poder.

 
Una taza de té antes de una sesión de estudio o de trabajo, de cualquier actividad artística y creativa, facilita la claridad y la rapidez mental, además de favorecer la inspiración.




 

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