PLANTAS MÁGICAS

jueves, 10 de julio de 2014

LA CEBOLLA PLANTA MAGICA Y MEDICINAL

 

Su nombre botánico es Allium Cepa. Hierba perenne de bulbo redondo o achatado, provisto de escamas carnosas y recubiertas por otras coriáceas de color violáceo. Tiene hojas cilíndricas y acanaladas, con un largo cabezal floral.
 
Originaria de Persia, se cultivaba abundantemente en Egipto y Europa meridional en diversas variedades de bulbos grandes y pequeños (estos últimos llamados cebolletas, pueden conservarse en vinagre).
 
Su cultivo actualmente está extendido en todo el mundo. Existen variedades primaverales y otoñales.



 
Se dice que los magos astrónomos de la antigua Caldea, en tanto escrutaban las profundidades del cielo de la inquieta Babilonia, respiraban el perfume que emanaba de las cebollas que se quemaban en las ardientes brasas de los trípodes sagrados. Parece ser que esta planta hortense les había sido ofrecida por sus vecinos persas para uso comestible; pero los caldeos prefirieron cultivarla exclusivamente con destino a la magia, en la cual eran consumados maestros. Desde Caldea, la cebolla pasaría a Egipto, en tiempos de las primeras dinastías.
 
Por lo visto, los egipcios la consideraban “sagrada” hasta el punto de rendirle honores reservados habitualmente para las divinidades. En efecto, le atribuían extraordinarios poderes mágicos, llegando incluso a representar esta planta en las pinturas fúnebres de las tumbas y a agregarla a los alimentos destinados a acompañar a las momias en su largo viaje por el más allá. (Existe todavía en París una secta de los adoradores de la cebolla). La crónica egipcia, tal vez un poco prosaica, habla del “precio” de la cebolla, a la cual, al parecer, se le atribuía un valor comercial tanto más elevado en cuanto su sabor se revelaba acre; lo que significa que el pueblo no se limitaba a olerla, sino también y muy a gusto, a comerla.
 
 
Cuando los Israelitas recordaban en el desierto la cebolla que comían en Egipto, se les hacía la boca agua:
 
“…¡Quién nos diera carne que comer!
¡Cómo nos acordamos de tanto pescado como de balde comíamos en Egipto, de los cohombros, de los melones, de los puerros, de las cebollas, de los ajos!
Ahora está al seco nuestro apetito y no vemos sino el maná.”
 
(Números 11, 4-6)
 
Esto no es sorprendente ya que los bulbos de Allium Cepa, que crecen a orillas del Nilo, tienen un sabor excepcionalmente delicioso y aún hoy en día constituyen unos de los principales alimentos que suministra el mercado.
 
Luego, llegaron los romanos, grandes comedores de ajo; tampoco desdeñaban la cebolla, imitados en esto, aunque con menos entusiasmo por los griegos.
 
En la Edad Media la cebolla tuvo su momento de celebridad; en una época de misticismo… y de grandes hombres, las gentes se lanzaban sobre las cebollas con avidez. Esta hortaliza, con su intenso olor, era considerada como un alimento “fuerte”, apropiado para devolver la vitalidad a los fatigados y a los débiles.
 
De la Edad Media, la cebolla pasa al Renacimiento, y a partir de este momento comienza su expansión a Europa entera, donde conquista las mesas de todos los estratos sociales.
 
En Francia, los cocineros se empleaban a fondo en inventar platos en los cuales interviene la cebolla. ¡Y no digamos nada en España!
 
Año 1492: descubrimiento de América. La cebolla tarda algún tiempo en cruzar el Atlántico, pero una vez ganadas las orillas del Nuevo Mundo sólo necesita unos cuantos años para extenderse por todas las regiones.
 
Dice Dioscórides (Anazarbus, Cilicia, en Asia Menor, c. 40 - c. 90):


 
“La cebolla larga es más aguda que la redonda, y la roja que  la blanca, y la seca que la verde y finalmente la cruda que la cocida y que la conservada con sal.
Pero todas son corrosivas, engendran ventosidades, dan ganas de comer, adelgazan los gruesos humores, inducen sed, traen hastío, mundifican y ablandan el vientre.
Mondadas y bañadas con aceite y puestas en forma de cala, son útiles para abrir el camino a cualquier género de evacuación y especialmente a aquellas que se suelen hacer por las almorranas. Su zumo aplicado con miel sirve contra la flaqueza de vista, contra los fluecos y nubes, y contra las cataratas cuando comienzan a congelarse. Es también útil a la esquinacea en unción y provoca la sangre menstrua. Inflado en las narices purga la cabeza por ellas. Aplicase con sal, con ruda, con miel contra las mordeduras de perros. Mezclado con vinagre y aplicado al sol sana los alvarazos. Con igual cantidad de espodio, cura las inflamaciones de los ojos sarnosos y secos y con sal estirpa los barros. Incorporado con la enjundia de gallina es útil contra toda suerte de escocimiento causado por los zapatos. Además de esto sirve contra el flujo de vientre, aprovecha a la dificultad de oír, a los silbos y a los oídos que manan materia y administrase cómodamente para sacar el agua que penetró en ellos. Hace renacer el cabello que derribó la tiña y esto muy más presto que el Alcionio, si se untan con él.  Comidas las cebollas en grande abundancia dan dolor de cabeza. Cocidas provocan mucho más la orina. Suelen caer en la letargia los que estando enfermos las comen demasiadamente. Cocidas y aplicadas con pasas o higos en forma de emplastos maduran o corrompen los tolondrones.
 
A este texto, anota Andrés de Laguna (Segovia, 1499 - Guadalajara, 1559):
 

 
Parece que se contradice en dos lugares Dioscórides.
 
Primeramente habiendo dicho que las cebollas dan gana de comer, añade un poco más tarde que traen hastío al estómago, pero esto no implica contradicción, porque si se comen asadas en poca cantidad y como por ensalada al principio de la comida, no hay duda sino que mundifican con su agudeza el estómago, y despiertan el apetito. Pero comidas en grande abundancia y sin otra cosa, es cierto que se convierten en flema y anegan esta facultad que suele apetecer las viandas, engendrando justamente muchos regüeldos y alcanzando con sus partes sutiles muchos humores graves a la cabeza.
 
Además de esto y habiendo dicho Dioscórides que ablandan las cebollas el vientre, torna a decir después que restriñen el flujo del mismo, lo que hemos de entender en esta manera, que la cebolla comida en cantidad moderada con las sutiles y agudas partes que tiene, estimula siempre la virtud expultriz a expulsar los gruesos humores del vientre; más si acaso alguna vez las viandas no pudiendo pasar a las venas a causa de algunos humores que opilan y atajan el paso, se cuelan y se expiden por cámaras, entonces también la cebolla con la misma agudeza, y hervor adelgaza, y extirpa los dichos humores gruesos y abriendo el mantenimiento el camino, le divierte de aquel flujo que le precipitaba.
 
Es compuesta la cebolla de partes contrarias, de las cuales unas son útiles, agudas y muy coléricas y otras gruesas, flemáticas y viscosas por donde no nos debemos maravillar si muchas veces hace efectos contrarios. Entre otras virtudes que dicen que tiene la cebolla. La de que acrecienta el esperma dado que ofusca la razón y el sentido.
 
Y por último, el comentario del Dr. Ribera, (Salamanca. 1680-1754) que añade:
 

La Cebolla se llama por los latinos Cepe y también Capa. Por los franceses Orignon. Por los bárbaros Ajuin y también Pujen. Por los ingleses Onion, por los alemanes Zunievel y también Zievel. En cuanto a las cualidades de la cebolla, varían los botánicos, pues unos dicen, que es caliente, y seca en tercer grado, y otros como Juan Escrodero, afirman serlo en el cuarto grado; pero no me detengo en esta discrepancia cuando me falta saber, para su recto uso, que consta de mucho sal volátil, aromático, spirituoso y penetrante con poco ácido volátil, por cuyo motivo, debo afirmar que con su sal acre, tiene virtud incisiva, abtersiva y aperitiva. Si se infundiese por espacio de doce horas una onza de cebolla, bien picada en cuatro onzas de vino blanco y esta expresión se diese a beber en ayunas y se continuase por espacio de treinta a cuarenta mañanas, cura la hidropesía anasarca y ascitis y también hace expeler las piedras, arenas y sábulos de los riñones. El agua esencial de cebolla es singular remedio para matar las lombrices si repetidas mañana se da a beber media onza mixta con dos onzas de agua de grama; también es eficaz auxilio contra el escorbuto si se exhibe una onza con cuatro de suero destilado y media dracma de sal de ajenjo; pero se debe continuar su administración  lo menos veinte o treinta mañanas. Notase que la semilla de la cebolla es un gran remedio para excitar a la menstrual evacuación, exhibiéndola en cantidad de un dracma en tres onzas de agua de matricaria; pero deben las clorotidas continuarla a lo menos quince o veinte mañanas mezclando en cada dosis ocho granos del antihectico de Poterio. Por no molestar me contento por ahora con poner presentes los siguientes versos que de la cebolla publicó la escuela Salernitana:
 
De Cepis Medici non consentire videntar,
Felletis non esse bonas ait ipse Galenas,
Pblegmaticis vero multum putat esse salubres.
Non modicum sanas Aselepius asserit ilias,
Preferti stomacho pulchrumque creare colorem,
Contrisis cepis loca denudata capillis.
Sapé fricans capitis poteris repararem decorem.
 

 
Según leyendas de la Era Victoriana de Inglaterra, si se unta el jugo de una cebolla sobre el bastón del maestro, este se partirá en dos cuando intente golpear al alumno.
 
Si tira uno la cáscara de cebolla, tirará su prosperidad, es mejor quemarlas (se dice que también atrae riqueza).
 
Si se tira una cebolla a la novia el día de su boda, asegurará que nunca llorará.
 
Los doctores de la Universidad de Newcastle han afirmado que la cebolla está muy indicada contra la trombosis coronaria, enfermedad que no lo olvidemos, causa víctimas por doquier. La revelación se produjo de una manera totalmente fortuita. Los médicos ingleses habían comprobado, en efecto, que esta planta es un anticoagulante muy poderoso, después de haberse enterado de que los palafreneros franceses curaban con cebolla a todos los caballos que padecían embolias.
 
Las cebollas pueden curar las mordeduras de perro, aliviar los dolores dentales, alejar enfermedades e incluso purificar el aire. Si se  deja un pedazo de cebolla junto a la ventana, absorberá todos los gérmenes que quieran entrar.
 
A menudo las cebollas son un preventivo de las enfermedades infecciosas del ganado caballar y de los animales de corral.
 
Algunas personas creen que guardar en la casa cebollas o cáscaras de cebolla, traerá mala suerte.
 
Frotando los marcos y los muebles dorados con jugo de cebolla (que por otra parte, también sirve para limpiar y embellecer los cuadros al óleo), ahuyentaréis a las moscas.
 
La cebolla es uno de los componentes fundamentales de la alimentación.
 
Proporciona vigor; no es una casualidad que los centenarios de Europa central sean grandes comedores de cebolla. Tampoco es una casualidad que los reumatismos no triunfen allí donde reina la cebolla; nada tan disolvente como la cebolla; el ácido úrico no la resiste. Con sus sales de sodio y de potasa, la cebolla opone una barrera a todas las infecciones, por añadidura, contribuye a alcalinizar la sangre. Finalmente, la cebolla sirve para la supresión de la hidropesía, de las serosidades de cualquier origen y de los edemas. Es evidente que el hígado, que sirve de laboratorio, no puede presentar ninguna afección.
 

Algo que todos sabemos, que es que cuando se tiene una tos persistente, para pasar una noche de descanso tranquila, se pone encima de la mesita de noche una cebolla partida por la mitad… y funciona!!
 
No terminaríamos nunca de enunciar las virtudes de la cebolla; recientes experiencias científicas han demostrado que actúa con eficiencia sobre la próstata y todo el sistema urinario en general.
 
El ideal para aprovechar los elementos activos que encierra, sería consumirla cruda, con objeto de conservar las preciosas enzimas, diastasas u oxidasas que el calor esteriliza habitualmente. Tal vez, objetéis que hay que tener en cuenta el estómago, que puede no tolerar la cebolla cruda. Pues bien, en este caso, cocedla, pero a fuego muy lento.
 
La cebolla es rica en vitaminas A, B y C, en azufre, fósforo, hierro, sílice, yodo. Calcio, potasio, sodio, etc. El fósforo facilita el trabajo cerebral; la sílice, calcifica los huesos y afina las arterias: el calcio, fortalece el esqueleto y proporciona mayor robustez a los músculos.
 

 
Todo es acostumbrarse a ella; la cebolla es como la cereza, que la primera atrae a la segunda y así sucesivamente. Resulta tan fácil habituarse a la cebolla, que después ya no se puede pasar sin ella.
 
Desde luego, hay que empezar con discreción; primero, con un poco de aceite de oliva y mantequilla. Atención: si el hígado reacciona, no os dejéis impresionar, es sencillamente que la cebolla le incita para devolverle su actividad. Si el estómago la rechaza, cuidado, no es a la cebolla a la que hay que acusar, sino a vuestro estómago; por lo tanto tendréis que cuidarlo. Preparad, pues, condimentos y guisos a base de cebolla.
 

 
En la sección de enfermedades de esta web, encontrareis recetas de vinos, cataplasmas, jarabes y demás recetas… preparadas con esta planta.




 

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